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San Vicente de Serrapio


ENIGMAS ALQUÍMICOS y TEMPLARIOS EN SAN VICENTE DE SERRAPIO.

Por Cristina María Menéndez Maldonado
Publicado en Más Allá de la Ciencia. Octubre 2010

Con la mirada prendida en los valles de “Aller” y sus raíces prerrománicas abrazadas a la tierra, la iglesia asturiana de San Vicente de Serrapio dedicada a San Vicente Levita y mártir, alberga enigmas que parecen asociados a la alquimia y al Temple.
Declarada monumento histórico-artístico el 15 de noviembre de 1983, el santuario consta de tres naves y triple ábside, que junto con la pila bautismal, la sacristía y su enigmática bóveda de estrellas, datan del s XII. La nave del templo, la portada y la espadaña son del siglo XVI-XVII y la nave sur, el batisterio y la estancia contigua a la sacristía son de la primera mitad del siglo XVIII.
Su estructura, según algunos indicios arqueológicos, fue construida sobre otra prerrománica del siglo X que se levantó a su vez sobre un asentamiento romano más antiguo. Un triple pasado que juguetea con el número tres, enredado en los símbolos, que carga de matices los indicios. Para Rosa Alvarez Fernández en su tesina San Vicente de Serrapio. Un templo Románico en el Camino de Santiago, “la construcción románica es tardía pudiendo fijarse una cronología finales del siglo XII y del primer cuarto del siglo XIII. Coincide esta fecha con una época de auge en la actividad artística y constructiva en la región asturiana impulsada por Cluny”
Serrapio tomó su nombre del dios greco-egipcio “Serapis” y que según la tradición oral fue representado por un Dolmen que presidió la localidad. Esta divinidad estuvo ligada a la curación y en sus Templos se interpretaban los sueños.
Antonio Piñero, catedrático de la Universidad Complutense especializado en “lengua y literatura del cristianismo primitivo” comenta que “la religión de Serapis es un invento de los Ptolomeos en torno al 260 a J.C. Ptolomeo III intenta helenizar a los Coptos e inventa una religión artificial mezcla de la griega y la egipcia, representada por el dios Serapis, también inventado.” –comenta.
La iglesia de San Vicente está enclavada en lugar estratégico, antes rodeado por una muralla, en la que cuentan que varios “alleranos”, alimentados únicamente con bayas, sobrevivieron a un asedio.
El hallazgo de la lápida votiva dedicada a Júpiter, óptimo e Máximo, adquiere un mayor valor histórico-arqueológico, ya que por las cercanías de Serrapio pasaba la calzada Romana que unía el puerto de San Isidro y Ujo, atravesando la Cordillera Cantábrica, un camino que siguió utilizándose como ruta de peregrinos primero hacia Oviedo, después a Santiago.
CANECILLOS Y SIGNOS DE CANTERO
En el exterior del santuario, supervivientes del azote de vientos y tempestades, algunos canecillos situados en la cornisa del ábside y de los aleros del muro norte y este aún se conservan casi intactos, mostrando los primeros rastros del enigma. Un “atlante” castrado sostiene el peso de una ménsula a sus espaldas, condenado por Zeus eternamente a ser el pilar divisor entre cielo y tierra. Muy cerca, la mirada doble de otro canecillo que ha sido identificado por algunos autores como el de los “gemelos”, parece estar relacionado más bien con “Jano bifronte”, el dios de las puertas solsticiales, patrón de los “collegia fabrorum” romanos, devoción que heredaron los canteros medievales y que en palabras del arquitecto lucense, Carlos Sánchez-Montaña, indica la presencia de lo sagrado.
En San Vicente, también hay ornatos con tintes eróticos, que en ocasiones presentan amputados sus atributos. La interpretación tradicional que se le da a este tipo de representaciones es que mostrarían de una forma explícita el pecado de la lujuria con una finalidad moralizadora, o tal vez que dicha temática se debiera a la influencia de las culturas orientales. Lo cierto es que existe toda una relación con la erótica y la mística en el románico que va más allá de lo meramente ornamental y que se refiere a la transmutación de la sexualidad para alcanzar la elevación espiritual.
No muy lejos, otro canecillo muestra la faz sonriente de un cordero y su triple significado, inocencia, pureza y la santidad que representa a Cristo. En otra de las ménsulas descansan tres barriles, cobijadores del secreto alquímico, del maestro cantero iniciado, estudioso de la Gran Obra, que parecen indicar las tres fases y principios del “Opus Magna”.
También encontramos varias espadas o cuchillos esculpidos toscamente en la piedra; su símbolo de poder y fuerza reservada al guerrero encierran también un sentido de purificación. Para René Guenón la espada se asimila al rayo, la acción alterna de dos principios complementarios que se relacionan con la alquimia, la coagulación y la disolución. También puede ser un “instrumento de transmisión de conocimientos y un signo de búsqueda para el iniciado” o tal vez aludan a San Bartolomé, también presente en el interior del Templo, con un cuchillo en la mano, como recuerdo de su martirio, ya que fue desollado vivo, y cuya figura está muy ligada al Temple
Numerosos signos de cantería aparecían también en los sillares de San Vicente, la mayoría cubiertos por el implacable revoque restaurador. Rosa Alvarez señala en su tesina la letra capital “M”, que se repite en distintas posiciones en algunos sillares del zócalo del ábside central interior y que se piensa que pudo aparecer en todos los sillares excepto en el número 1 y en el 13. Además, la única vez que en el exterior del ábside principal este signo de cantero en su posición “normal” es en el sillar central junto con la cruz patriarcal de doble travesera que ha desaparecido.

Bautismo de Sabiduría. El fuego secreto de los sabios
Frente a nuestros ojos, la puerta de entrada al santuario nos invita a hacer una pausa antes de cruzar el umbral.
Una Cruz Paté, símbolo del Temple, preside la bóveda de acceso al templo. A la izquierda de la entrada, vemos la pila de agua bendita, con una cruz de San Andrés en su vientre de piedra casi borrada por el paso del tiempo. Un símbolo que se repetirá en el interior del recinto sagrado, y que es la cifra romana 10, el número completo de la obra, que custodia los cuatro elementos (tierra, fuego, agua, aire) y los tres principios (mercurio, azufre y sal), o lo que es lo mismo, “el espíritu, el alma y el cuerpo” necesarios para alcanzar la piedra filosofal, “la iluminación”.
Sobre el arco que enmarca la pila de agua bendita, en un espacio huérfano restaurado en 1990-91 ya no hay huella de las tres calaveras encastradas y en fila que mordían la piedra vieja. De nuevo el número 3 se alía con el enigma. ¿Qué mensaje en clave podría desprenderse de esta conjunción de elementos? Podría ser el contrapunto entre la vida, representada por el agua bautismal, y la muerte, representada por la calavera como comenta el que fuera párroco de San Vicente Jose Antonio González Blanco, y escritor de un nutrido número de libros sobre varias parroquias del concejo de Aller entre los que destaca “Seguimiento de la restauración de la iglesia de san Vicente de Serrapio, pero ¿por qué tres? En la observación minuciosa de una instantánea en la que aparecen los tres cráneos. Pero, ¿por qué tres? En la observación minuciosa de una instantánea en la que aparecen los tres cráneos, llama la atención que todas entierran sus sentidos primordiales (oído, vista, olfato y gusto) en la roca del Templo mostrando únicamente la “bóveda craneal” ubicación del séptimo chakra (coronario o Sahasrara), que es el integrador de todos los aspectos del ser (físico, mental, emocional y espiritual), y el punto de conexión con la divinidad. ¿Qué lectura “entre líneas” se desprende de tales signos? En el terreno de la hipótesis, una idea que podría plantearse se basaría en el llamado “rito de la Tonsura” practicado durante la Edad Media en el que se rasuraba a los clérigos esta parte de la cabeza, y que es un elemento ritual de muerte y renacimiento que borra los pecados anteriores y que unido al símbolo purificador del agua bendita, prepara al aspirante para ser iniciado a través de un nacimiento simbólico, dotándole de un nombre nuevo; ritual que además implicaría una tácita imposición al iniciado de mantener el secreto de la iniciación. ¿Encierra este símbolo, un camino iniciático, un “santo y seña” sólo para los conocedores de los misterios antes de aventurarse al interior del templo?
La calavera era además uno de los símbolos usados por los “constructores” y podría relacionarse con el Baphomet Templario, supuesto ídolo en ocasiones representado con tres semblantes. Precisamente la etimología de la palabra Baphomet revela la fusión de dos términos griegos (Baph/Metis) cuyo significado es “bautismo de sabiduría”; y no deja de sorprender que las tres calaveras de San Vicente de Serrapio aparecieran precisamente sobre la pila de agua bendita. ¿Es necesario conocer de antemano las claves, los signos esculpidos por los maestros canteros, haber estudiado concienzudamente los signos para bautizarse así de la sabiduría necesaria para penetrar en los misterios del templo y ser así digno iniciado?
Posibles rastros templarios
Las restauraciones llevadas a cabo en San Vicente han revivido las pinturas murales más importantes que fueron repintadas en el siglo XVIII. En ellas encontramos elementos que podrían estar relacionados con la alquimia y el Temple. En dicho mural aparecen dos ángeles que custodian la cruz del Temple, como ya señalara Xavier Musquera en su libro “La espada y la Cruz”.
Las llaves que sostiene San Pedro en forma de cruz de San Andrés podrían aludir no sólo a la consumación de la alquimia, ya que representan Azufre y el Mercurio de los Sabios y abren las puertas del Universo, sino también como apunta Sánchez-Montaña a las llaves de Jano, la de plata de los misterios menores y la de oro los mayores. Su representación se relaciona según el arquitecto, con el Crismón; además de que los templos de Jano eran lugares de conocimiento e iniciación. En la Edad Media además se creía que los dos aspectos de la autoridad, confluían en un territorio misterioso que era conocido como el Reino del Preste Juan (Jerarca de grandes virtudes que regía un territorio de innombrables tesoros y riquezas que algunos situaban en Asia, y que se relacionaban con el Aggartha o Centro del Mundo)
Protagonista del ábside central de esta iglesia, la Virgen María aparece al igual que su hijo, por tres veces representada. En el tambor del ábside, a la derecha de una de las ventanas saeteras aparece el crucificado y de su mano derecha brota sangre que es recogida por un ángel con un cáliz, el Santo Grial. Curiosamente, la otra mano del querubín reposa sobre el aura de la Virgen, enrojeciéndola. ¿Tal vez este gesto nos está diciendo algo? ¿Tal vez señala a la Virgen como el Santo Grial portador de la sangre de su hijo? En el esoterismo cristiano la Virgen es considerada la sustancia primordial, el receptáculo del espíritu, el elemento pasivo conocedor de los procesos y ciclos de la naturaleza, en tanto que Jesús sería el elemento activo, creativo del matrimonio alquímico.
Sobre ambas escenas, el cráneo abovedado del ábside central muestra como el atanor del alquimista, un espacio encerrado en dientes de sierra con los colores de la “quinta esencia”, el color negro (nigredo), el blanco (Albedo) y el rojo (Rubedo), en el que se consuma la Gran Obra, que ya fuera mencionado por Musquera.
En la escena más destacada, a la derecha del Cristo resucitado que muestra sus llagas, vemos diferentes personas en actitud de oración. Algunos de estos personajes además, parecen representar 3 razas: Negra, blanca y roja. ¿Es casualidad y vuelven a entrar en juego los tres colores principales de la alquimia? Varias bandas blanquecinas, encierran palabras enigmáticas que aún hoy nadie ha aclarado con rotundidad. Bajo el brazo derecho de Jesús, en la banda vertical aparece la palabra “FUCO FIO”. Su traducción del latín nos llevaría al verbo Fūco (āre, āvi, ātum), cuyo significado “dar color”, “cargar de color”, en tanto que fīo, (fĭĕri, factus sum) se traduce como “convertirse en”, “transformarse en” o incluso “ser elegidos”. ¿La traducción de estas dos palabras podría referirse a “la transformación del color” presente en la obra alquímica (del nigredo al Rubledo)? ¿Es un mensaje cifrado que nos invita a una transformación espiritual para convertirnos en elegidos, en iniciantes? Las palabras “Fuco Fio” aparecen también en una enigmática lápida al igual que las que aparecen en la banda contigua, horizontal a la primera, y que dibuja un arco invertido en la que se lee el nombre INIZIO. Según Francisco Diego Santos (1994, Inscripciones Medievales de Asturias) la traducción de la lápida sería: “Iñicio Iñiz a Iñicio, nuestro hijo (en la era) (M) CC muerto en las Idus de mayo (15 de mayo de 1162).” En apariencia una lápida funeraria, sin embargo llama la atención una pequeña cruz, dibujada en la losa y ribeteada en tres de sus extremos con patas de oca. ¿Qué esconde tan enigmática cruz en una lápida que parece ser mortuoria únicamente? ¿Por qué coinciden las palabras de ésta con las bandas pintadas en el ábside central?
Junto al altar, el ábside derecho cobija más enigmas. San Juan, San Andrés y San Bartolo comparten el mismo espacio. La pintura más desgastada de las tres corresponde a San Bartolomé que conserva perfilado el filo de un cuchillo como símbolo de su martirio, pues fue degollado vivo y comparte también simbolismo con la serpiente, que muda su piel y cuya representación está ligada a los lugares de poder. Este Santo además fue testigo del primer milagro de Jesús de tintes alquímicos: la transmutación del agua en vino en las bodas de Caná. En las paredes de este ábside también se distingue el perfil de un báculo, sostenido por lo que parece la figura de un ministro de la iglesia y que podría representar el “abacus” o bastón con el mango en espiral usado por el Gran Maestre del Temple, que representa el atributo que caracterizaba al intérprete de la voluntad divina.
Epigrafía, restos del pasado.
El conjunto epigráfico de San Vicente, está constituido por cinco lápidas y un canto rodado, que aparecieron en distintos lugares del templo y fueron reunidas en la estancia contigua a la sacristía por don Pedro Zapico entre 1880 y 1886.
El reconocimiento que ha tenido San Vicente de Serrapio ha estado ligado fundamentalmente a la lápida votiva dedicada a Júpiter óptimo e Máximo, en la que se lee textualmente: “A Júpiter óptimo y máximo los Arronidaci y Coniacini dedicaron este altar para su salvación y la de los suyos.”
En opinión de Sánchez-Montaña, “Los Romanos tenían tendencia a reunir a los dioses en grupos de tres, y fruto de esta tendencia son las distintas tríadas que aparecen a lo largo de la historia. Los templos a Júpiter, aunque fuesen en un ámbito rural se emplazaban en un alto, colina o monte para vigilar y proteger la actividad de los hombres – y añade- En San Vicente de Serrapio además el ábside principal apunta al camino de llegada, una buena razón de su origen antiguo”.
Bajo el altar se halló también una piedra muy trabajada con dos cuencos de agua cristalina en los que había dos cajitas de madera, una de ellas se deshizo al tocarla. Contenía un fragmento del lienzo impregnado con sangre quemada o carbonizada. Al parecer estos objetos, junto con las paredes de la cajita, fueron recogidos en un frasquito de cristal para su análisis, pero nadie ha dado explicaciones al respecto.
La epigrafía de esta lápida fue traducida por Diego Santos como “Santas Reliquias”, lo que corrobora la finalidad de estas cajas. En la segunda parte de esta lápida se lee “De ligno Domini I Sancti Grogui” traducido como “Del Leño del Señor a San Grogio” que según este autor podría hacer referencia a San Jorge. Para Bonvin, San Jorge en su lucha a muerte con la bestia mantiene a distancia las energías telúricas denominadas “las energías del dragón” y podría indicar “los dragones internos”, la lucha íntima con nuestros miedos y limitaciones. Al parecer las representaciones de San Jorge están colocadas sobre los puntos de entrada de las energías telúricas de la iglesia. En el punto donde fue hallada esta lápida, sin duda estas energías han sido dominadas y transmutadas, haciendo de ese punto de equilibrio cosmotelúrico.
En letra desigual sobre un enigmático canto rodado leemos ESCEP ENACO, que curiosamente, al colocar algunas de sus palabras para que estas signifiquen algo comprensible nos dan la proposición “Peces en Oca”. Un enunciado lleno de posibles interpretaciones y que refuerza la importancia de la oca considerada el paradigma de la Sabiduría sagrada como guía para aconsejar a los humanos. Pero además, contrapone dos animales, uno alado otro sin alas que en alquimia contrasta dos elementos esenciales, el azufre y el mercurio, lo fijo y lo volátil.
Intriga conocer que bajo una de las lápidas halladas al parecer se encontró una gran osamenta y un cráneo, aún con pelo y cubierto con un gorro de lona morada y adornado con cintas plateadas del que no se conoce ni el paradero ni el significado.

Bestiario Medieval. La simbología oculta de las formas.
El ábside central está franqueado por dos columnas cuya simbología viaja a caballo entre dos mundos: El del bestiario medieval y el de la simbología oculta que ofrece una lectura entre líneas, cómplice del secreto. Sobre la columna derecha del ábside central aparece esculpido un árbol de la vida con sus frutos en espiral, que para algunos autores están relacionados con el “solve et coagula” alquímico.
Los animales fantásticos que aparecen en las columnas asumen un sentido estético y moral que impone una lucha a favor de la virtud y en contra del vicio. Todos ellos han sido concienzudamente identificados gracias a la tesina de Rosa Álvarez Fernández, San Vicente de Serrapio. En la jamba derecha, un basilisco, con cabeza y cuerpo de gallo, rematado en una larga cola de serpiente. En la antigüedad clásica tenía la misión de custodiar los tesoros. En el románico, representa el guía que conduce las almas de los condenados al infierno. (El basilisco recuerda al llamado sello de abraxas, en el que cambia únicamente el cuerpo de gallo por el humano. Este sello está rodeado por la inscripción “secretum Templi” y podría aludir a la búsqueda del más alto conocimiento.)
En el centro de este capitel encontramos una sirena de doble cola que amamanta a su cría. Para el experto en Geobiología Daniel Rubio, “la doble cola indica el desdoblamiento del agua subterránea o el cruce de dos corrientes diferentes. El que dicha sirena esté amamantando a su cría podría indicar el chakra corazón y su apertura”.-comenta. La cría de sirena sobre el pecho de su madre extiende su cola y es devorada por un grifo, con cabeza, alas y garras de águila y cuerpo de león. Su simbología está a caballo entre lo humano y lo divino, entre la fuerza y la sabiduría. En el lateral del capitel izquierdo aparece una sirena ave con cabeza de mujer, cuerpo de ave, cola de reptil y patas de cabra, con la misión de arrebatar o raptar las almas de los mortales, para llevarlas al mundo de las sombras. Su intrincada cola podría indicar según Rubio las energías del templo. Sobre la grupa de un león de gran fortaleza aparece esculpida lo que parece la figura de Sansón representado con barba y largo cabello, que trata de abrirle la boca al animal. En el lateral del mismo capitel, aparece la figura de un caballero que por sus vestiduras y cota de malla podría ser Templario, con la espada como símbolo de fortaleza.

SACRISTÍA. UN CAMINO DE ESTRELLAS.
El pequeño recinto que corresponde a la sacristía, está rematado por un sinfín de estrellas de ocho puntas, símbolo que para algunos autores representa a Venus. Según el escritor y científico Plinio el viejo (23-79 a J. C) en su Historia Natural, “por su tamaño, está por encima de todos los demás astros y tiene tanta luminosidad que los rayos de esta estrella son los únicos que producen sombra. También por eso figura con una amplia serie de nombres, pues unos la llamaron Juno, otros Isis y otros Madre de los Dioses. (Plinio el Viejo. Historia Natural. Libro II, 37-38. Editorial Gredos. Madrid, 1995). La Virgen María, heredó buena parte de estas consideraciones por correlación con Venus. La propia letanía cristiana del rosario la considera “Estrella de la Mañana”, el lucero del alba. Por tanto, esta bóveda con las estrellas de ocho puntas podría ser símbolo de plenitud y regeneración e indicar un mensaje cifrado. Al parecer los mandalas servían para alcanzar a través de un recogimiento inducido, meditativo, el conocimiento, “la gnosis”. Todo hace suponer que este mandala presente en la sacristía de Serrapio otorga al Templo un carácter iniciático que solía destinarse a los ritos de iniciación templaria, a través de la meditación por parte de los aspirantes a la iniciación. La llamada “cruz de las 8 beatitudes” es una cruz de meditación que según algunos autores es clave para la construcción y desciframiento del alfabeto secreto de los Templarios, y que parece estar presente en la sacristía. Mª Luisa Bueno Dominguez, catedrática de humanidades de la Universidad Autónoma de Madrid y gran estudiosa del Temple, comenta que “en el siglo XII y debido a la orden cisterciense y especialmente San Bernardo, dan relieve al culto y exaltación de la Virgen María. Los templarios siguen la misma regla que los cistercienses… En el siglo XII surgen los templos dedicados a la Virgen María, la mayor parte de los monasterios cisterciences llevan esa advocación y los templarios rendían un culto muy grande a la Virgen”. ¿San Vicente de Serrapio podría responder a este afán constructor? ¿Podría haber sido concebido como un Templo de iniciación Templaria?
En la documentación del archivo parroquial de San Vicente de Serrapio que alberga el “Archivo histórico Diocesano de Oviedo” el párroco D. Pedro Zapico hace un recopilatorio de los hallazgos más importantes encontrados el 10 de mayo de 1880 con motivo de reparaciones en el Templo y explica textualmente que “dicen los antiguos que habitaron en el comunidad de templarios, para esta aserción se apoyan en que en el Cabildión hay señales claras de haber habido allí habitaciones o segundos pisos”.
A estas alturas de mi viaje siguen siendo muchas las incógnitas, casi tantas como las pistas que en un remoto pasado dejaron los constructores y habitantes de este templo. ¿Templarios, constructores, maestros de la alquimia? La única evidencia es la que en palabras de Sánchez-Montaña define la arquitectura antigua como aquella que transciende a la mera construcción. “Los templos son los ejemplos más próximos a esta búsqueda, que muchos entienden como alcanzar la divinidad, pero que en términos actuales podemos llamar como lugar de conocimiento. La propia arquitectura es a la vez significado y significante, pudiendo transmitir de manera simultanea forma, luz y conocimiento.”- comenta y estos rastros imprecisos, casi borrados por el tiempo parecen tener al menos el regocijo de la duda.

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4 comentarios

  1. Nuestra visita, este otoño, fue tardía y fugaz.
    Lo atractivo de este artículo es el cúmulo de propuestas para su estudio.
    Muy interesante y misterioso.


  2. Desde que leí, hace tiempo la tesina de Rosa Alvarez sobre la iglesia de Serrapio eche en falta un apendice sobre las campanas requisadas durante la guerra civil. Fueron sustituidas por un raíl hasta principios de los años 50, por D.jose, cura párroco. Fueron colocadas por mi padre, Avelino Gutierrez, de las casas de abajo, los cargaderos y repicadas por primera vez por un señor, vecino de el Casar y natural de Pelugano llamado Celedonio. Es un trocito de la historia de la iglesia y m gustaría que hubiera constancia de ello. Yo tengo ahora 75 años. Vale la pena recordarlo.


    • Muy interesante Ovidio. Aquí queda tu comentario para que la gente lo lea y conozca esa parte de la historia que solo saben los que viven en el concejo de Aller. Muchas gracias por ello.


  3. un texto un interesante de esta tesina un estudio muy claro y lo importante que con el afán de completar una parte de la historia Ovidio hace un importantísimo testimonio una iglesia sin campana no es iglesia del credo de la historia a través del tiempo las campanas representaban momentos del diario vivir y cada toque era un significado pero todo muy agradable para leer y asi conocer una parte de una historia desconocia que precisamente viene de los templarios en relación a las cruces de ellos mismos .

    tengan uds. mis respetos y consideración desde la Patagonia austral de Chile con cariños y aprecio



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