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Ojo Guareña. Huellas de la diosa primitiva

 

 

 

Publicado en Más Allá de la Ciencia en septiembre de 2012. Nº 283

Texto: Cristina María Menéndez Maldonado

Fotografías: Gerson A. de Sousa 

Situado al norte de la provincia de Burgos, en el término municipal de la Merindad de Sotoscueva se encuentra el complejo cárstico más interesante de la Península Ibérica: «Ojo Guareña» declarado Monumento Histórico Artístico en 1970.

Las cuevas que las aguas de los ríos Guareña y Trema han esculpido a lo largo de los siglos, revelan lo que la naturaleza ha creado y protegido como un tesoro: «110 km de intrincados laberintos y grutas que cobijan, a través de numerosos hallazgos rupestres, santuarios, sepulcros, las huellas sagradas y profanas de la historia. »

El estudio del Karst fue iniciado en 1956 por el Grupo Espeleológico Edelweiss, de la Diputación Provincial de Burgos, que en sus comienzos pusieron nombre a las diferentes salas que componen el complejo, desde el Paleolítico hasta la Edad Media. “Sala de las Pinturas”,”Sala Cartón”,”Sala Keimada”, “Sala Edelweiss”, “Sala de la Fuente”, “Cueva de San Bernabé”,  etc. que forman parte de una larga lista de galerías de las cuales han sido catalogadas más de 375 cavidades.

LA CUEVA, ARQUETIPO DE LA DIOSA MADRE

La cueva figura entre los mitos de origen y renacimiento de multitud de pueblos. En numerosos ritos de iniciación es el lugar donde se materializa el «regreso al útero» que definió el historiador rumano Mircea Éliade(1907-1986). La caverna es el receptáculo de la energía telúrica, el reino de la “Mater Telluris.” La tierra y el mar son símbolos de la madre, igual que la vida y la muerte, pues nacer es salir de su vientre y morir es retornar a la tierra.

Para el doctor en Filología Clásica y en Teología Patrística Manuel Guerra «la religiosidad telúrico-mistérica hunde sus raíces en la tierra no profana sino sagrada y existe desde el Paleolítico Superior. El culto a la  “Diosa Madre Tierra”  se relacionaba con la idea de inhumar, enterrar, una vuelta al seno materno en el que la tierra es la cuna y la tumba. En una cueva, uno se siente “dentro de algo” que te envuelve, también con su apelmazada oscuridad. En contraposición con las religiones de la constante celeste y étnico-políticas, la religiosidad telúrica concibe a la divinidad como telúrica, femenina, madre, inmanente, teriomórfica, o sea, representada originariamente en forma de animal, preferentemente de serpiente, macho cabrio, toro, etc. La religiosidad telúrica predominó durante el Neolítico, periodo de vida sedentaria, agraria, especialmente en los pueblos de constitución matriarcal

Para José Antonio Quijera, quien ha sido director durante 4 años del Departamento de Folklore y Cultura Tradicional de la Sociedad de Estudios Vascos «Son muchos los sistemas religiosos que han visto en la caverna la matriz de la Madre Tierra, por lo que el hecho de ingresar ritualmente bajo el subsuelo por esta vía abierta al exterior se ha relacionado con una muerte o regreso al estado prenatal, para posteriormente surgir como nuevo ser creado a la vida. Los enterramientos en el interior de las grutas se relacionan directamente con esta consideración, es decir, la persona muerta regresa al útero materno, a la matriz de la Gran Madre telúrica, esperando su renacimiento de las oscuras entrañas. El uso que se ha hecho de la caverna como lugar o santuario específico para los rituales de iniciación de los adolescentes, de los guerreros, de las cofradías, etc., conlleva invariablemente un aspecto mítico en torno a la muerte del neófito, una muerte simbólica con la que se busca evadir el pasado para renacer a la nueva realidad. En todos estos casos se observa un empleo ritual de la gruta como vía de acceder al estado caótico, al estado amorfo de lo todavía no creado.»

LOS SÍMBOLOS DE LA DIOSA PRIMITIVA

De entre todas las cavernas que componen el Complejo cárstico de Ojo Guareña, Cueva Palomera y en concreto la Sala de las Pinturas es uno de los enclaves que ha preservado durante milenios los rastros pictóricos de cultos ligados a la Diosa madre primitiva. El acceso se realiza a través de la Sala de Cartón, que hace las veces de vestíbulo. El “santuario de los triángulos” como es denominado por Manuel Guerra en su libro “Constantes Religiosas Europeas y Sotocuevenses” para referirse a la “Sala de las Pinturas” se asemeja según el autor, a la forma de una iglesia románica, con las representaciones artísticas situadas en lo que sería el ábside. El propio experto comenta que incluso las estalactitas representarían el órgano de este singular templo y en su opinión pudieron producir resonancias durante los ritos de iniciación.

La sala, de unos 60 metros de longitud por 25 de anchura y 30 de altura presenta en su centro un gran socavón de unos 2,5 metros de profundidad a causa de una reactivación del Karst y fue descubierta en 1968 por los espeleólogos  Mª Carmen López Alonso y José Luis Uríbarri. Entre las pinturas halladas en este lugar se han hallado 46 triángulos inversos o con el vértice hacia abajo, 2 trazos ondulados y serpentiformes, líneas en zigzag, contornos ovales, 29 representaciones zoomorfas correspondientes a cérvidos, cápridos, bóvidos, un jabalí, etc…Los expertos fechan el conjunto en el final del Magdaleniense, una de las últimas fases del Paleolítico Superior, en concreto en torno a 13.000 años. En 1950 los investigadores franceses Annette Laming-Emperaire y André Leroi-Gourhan afirmaron que las cuevas de “Ojo Guareña” habían sido decoradas con composiciones planificadas y con una carga simbólica inherente.

Para Guerra en su libro “Interpretación religiosa del arte rupestre “(1982) el triángulo representado en esta sala-santuario de las pinturas es el origen de la vida y al igual que en otros ejemplos de arte rupestre paleolítico (cuevas de Laussel, la Ferrasie o Mézine) se refiere a la Diosa Madre Tierra, del mismo modo que las representaciones del toro, el macho cabrío o la serpiente son animales a través de los cuales se manifiesta y actúa esta divinidad femenina. «La religiosidad telúrico-mistérica estaba profundamente arraigada en la conciencia de las gentes de la cuenca mediterránea en los primeros siglos cristianos. La Iglesia por eso, no pudo eliminar sus creencias y ritos, ni tampoco asimilarlos. Para apartar de su culto a los cristianos, vinculó los animales teofánicos con el demonio. Recuérdese el papel del macho cabrío en la brujería. Además, la serpiente y el toro estaban ya estigmatizados en el Antiguo Testamento por su vigencia en la religiosidad cananea»—añade el teólogo.

Así mismo la antropóloga lituano-estadounidense Marija Gimbutas (1921-1994) señala que«el tema principal del simbolismo de la Diosa es el misterio del nacimiento, la muerte y la renovación de la vida. Símbolos e imágenes se agrupan alrededor de la Diosa partenogenética y sus funciones básicas como Dadora de Vida, Ejecutora de la Muerte. Todo gira alrededor de la Tierra Madre, la vieja y joven Diosa de la Fertilidad, que nace y muere con la vida vegetal. Ella era la única fuente de toda la vida y quien tomó su energía de los manantiales, del sol, la luna y la tierra húmeda. Este sistema simbólico representa al tiempo cíclico, y no al lineal

 

 

LA “V” DE LA DIOSA

Gimbutas en su libro “El lenguaje de la Diosa” señaló que la “V” es la representación directa del triángulo púbico, símbolo de la Diosa pájaro. Es el útero regenerador de la Diosa, el signo más antiguo con manifestaciones en el paleolítico. Una idea que enlaza con la de la psicoanalista junguiana Anne Baring y la experta en mitología y simbolismo Jules Cashford autoras de “El mito de la Diosa” que señalan «que la divinidad de las aguas superiores en el Neolítico es la Diosa pájaro que favorece la lluvia que da la vida, igual que en tiempos posteriores se creía que provocaban el tiempo atmosférico»— y añaden— «la historia de la gran Diosa primigenia se relata en las cavernas a través del arte y de los rituales que tuvieron lugar en su interior. Durante al menos 20.000 años parece que la cueva paleolítica fue el lugar más sagrado, el santuario de la Diosa y la fuente de su poder regenerador…Entrar en una de las cavernas es como adentrarse en el cuerpo de la deidad. Al fondo se colocaban además las piedras que representaban el alma de los muertos» Al parecer las representaciones más antiguas de la divinidad femenina datan del Auriñaciense, 30.000 años a. C; estaban grabadas en las rocas y simbolizaban o estaban relacionadas con el útero cósmico de la divinidad, fuente de agua vital, el brotar de la vida y el parto.

Así mismo, los zigzag y “M” pintadas en el interior de formas uterinas o vulvas podrían sugerir la humedad femenina y el fluido amniótico. El significado del signo “M” podría haber sobrevivido en el jeroglífico egipcio(mu), cuyo significado es el agua, pues el carácter sagrado de las fuentes, los ríos y manantiales se extiende desde la prehistoria. Incluso muchos ríos tienen nombres de diosas locales (Bóand y Sinann o la Sequana de los Galos Diosa cuarandera que dio nombre al río Sena).

Además los reticulados, las bandas y triángulos están en relación, según  M. Gimbutas, con el “agua vital” y la triple línea con la simbología del “llegar a ser.” Representaciones pictóricas rupestres que “parecen” estar presentes en Sotoscueva. El Complejo cárstico de Ojo Guareña conserva también una tradición popular que considera sus aguas sagradas y curativas para las afecciones de los ojos, lo que apoyaría el carácter sagrado de estos lugares durante épocas remotas y que aún pervive en la mitología popular de los Sotocuevenses abrigada por la fiesta cristiana que se celebra cada año en el mes junio en torno a la ermita de San Bernabé. En opinión de Gimbutas, la Madre Tierra y la Diosa parturienta tienen conexión con el agua vital y los milagrosos manantiales curativos. Para J.A. Quijera hay numerosos cultos locales que consideran al agua sagrada. «Son abundantes los complejos hierofánicos en los que junto a la ermita aparece una fuente de aguas milagrosas, y donde suelen aglutinarse otros objetos simbólicos más, como un árbol, una cueva, el arroyo o el lago, etc. Se trata de elementos naturales de los que una concepción religiosa del cosmos hace uso una y otra vez. Con frecuencia, se tiene alguna noticia sobre las deidades que ocupaban en el pasado estos santuarios, observándose escasa relación con la estructura religiosa moderna a la que se ven sometidos.»

 

 ÁRBOL GENEALÓGICO SAGRADO. LAS DESCENDIENTES DE LA DIOSA PREHISTÓRICA

 Baring y Cashford en su investigación del mito de la Diosa llegaron a la conclusión de que a pesar de la desvalorización que sufrió el principio femenino, éste no desapareció. Siguió existiendo en la cara oculta de los dragones del caos como Leviatán y Behemot, en Astarté la Diosa cananea prohibida o en la Sekiná hebrea. Su linaje se perpetuó a través de la griega Artemisa Eileithyia, la Bendis de Tracia, la Rhetia del Véneto o la frigia Cibeles, parientes no reconocidas de la Diosa primitiva paleolítica que en palabras de Gimbutas «debió sobrevivir al proceso de indoeuropeización y continuar hasta nuestro tiempo transmitida de generación en generación a través de abuelas y madres de innumerables familias»

Para la psicoterapeuta Mª Teresa Rodríguez en la Edad de Bronce (c 2000 a.C.) debido a las invasiones de las tribus guerreras nómadas el mito de la Diosa se debilitó imponiéndose la figura del héroe guerrero. La Diosa quedó relegada a la clandestinidad del inconsciente a través de mitos, símbolos y fábulas. «Dondequiera que encontremos: la cueva, la luna, la piedra, la serpiente, el ave o el pez; la espiral o el meandro y el laberinto; los animales: león, toro, bisonte, ciervo, cabra y caballo; los rituales que tratan de la fertilidad de la tierra, de los animales y de los seres humanos y del viaje del alma a otras dimensiones estamos en presencia de las imágenes que antiguamente representaban el mito original. Existen como testimonio vivo en las profundidades de la psique.»—comenta Rodríguez y añade—«Desde el punto de vista de la evolución de la conciencia, la humanidad fue despertando desde la inconsciente unión con la naturaleza hasta la conciencia “egóica” actual, todavía nos queda un largo camino de regreso para llegar al “todos somos Uno” consciente. Esa evolución se manifiesta tanto internamente como externamente. En la medida que va emergiendo el ego individual, se va relegando al inconsciente el Mito de la Diosa y va cobrando protagonismo el Mito del héroe abanderado del patriarcado. Estos cambios también se manifiestan en diferentes formas culturales y estructuras sociales que acompañan cada una de las formas de ver el mundo…La Diosa primitiva que representaba a la Madre tierra evoluciono en el Neolítico para convertirse en reina en el cielo y la tierra. Las imágenes de la Virgen María (aunque haya sido desposeída de los aspectos terrenales) no dejan de recordarnos a la Diosa. Pensemos en María con su hijo muerto y resucitado, es exactamente lo que ocurría con la Diosa y su hijo-esposo que moría y resucitaba en Sumeria y Egipto. Consideremos las imágenes de las Diosas con serpientes y la asociación con Eva y la Serpiente y algunas imágenes de la Virgen pisando la serpiente. Que decir de la búsqueda del Grial y de las apariciones Marianas que frecuentemente se dan en la Naturaleza , en una cueva cerca de una fuente (Lourdes, Fátima) etc.»

NEW AGE. ¿EL RETORNO DE LA DIOSA PRIMITIVA?

En la actualidad las corrientes de la New Age están relacionadas con la llamada “Era de Acuario.” Sus seguidores promueven la reconexión con algunos aspectos de las viejas religiones telúrico-mistéricas  en su vínculo con la tierra,  considerada ésta como un ser vivo, sagrado. Es Deméter o la Gaia de los griegos, la Tellus  o la Pachamama de los indígenas sudamericanos; un retorno a la Diosa Madre primigenia y a lo femenino. En opinión de Manuel Guerra, «La religiosidad telúrica concebía a la suprema divinidad como “Diosa madre Tierra”, restaurada ahora por  Nueva Era, que la llama “Gaia, Gea” como en la antigua Grecia. A la Diosa madre Tierra competía la fertilidad, la fecundidad humana y animal, la salud y la vida después de la muerte

Desde un punto de vista psíquico, algunos investigadores y psicoterapeutas señalan el arquetipo de la Diosa madre es el inspirador de una percepción del universo como un todo orgánico, sagrado y vivo, siendo esta divinidad la integradora de toda forma de vida en la tierra. Así el mito antiguo despierta con un nuevo rostro, el de una visión de la vida como un todo sagrado que tiene su justificación en el terreno de la física subatómica de la mano de los físicos alemanes Werner Heisenberg (1901-1976) y Albert Einstein (1879-1955) que afirmaron que el universo sólo podía entenderse como un todo. Todo ello parece confluir en una nueva sensibilidad y transformación de la conciencia, de integración de los principios femeninos y masculinos de la psique cuya síntesis puede modificar, en opinión de numerosos pensadores, los valores de nuestra civilización.  En palabras de Teresa  Rodríguez «Puede que resulten extrañamente arcaicas o paganas para nuestra mentalidad las referencias a dioses y Diosas, pero son ideales arquetípicos poderosos. Aunque estas representaciones simbólicas no sean objetos literales, son reales y potentes. Surgen como configuraciones energéticas de niveles muy profundos de nuestro inconsciente y tienen la capacidad de desencadenar reacciones que no son posibles mediante el mero pensamiento abstracto…Actualmente, el Mito de la Diosa se encarna en todas aquellas personas o movimientos que consideran que todos formamos parte de esa gran Red de Vida, que no solamente tienen en cuenta el Dios de los cielos trascendente, sino también al Dios o Diosa inmanente en la naturaleza y en nosotros mismos. Encarnar un Mito implica actuar de acuerdo con sus principios, por lo tanto, todos los movimientos que trabajan en  el cuidado del planeta, la sostenibilidad y la defensa de los animales son devotos de la Diosa Madre aunque no lo sepan. También todos los que bucean en el mundo inconsciente, en el caos y la creatividad etc. El movimiento de la New Age, en ocasiones, se queda en la superficie al no incorporar la muerte y el dolor como parte de la vida. El desafió que tenemos en el presente es el integrar el arquetipo de la Diosa (femenino), sin relegar al Dios (masculino), de lo contrario iríamos de un polo al otro. Habría cambio pero  no evolución

Este retorno, sin embargo no es nuevo. Se ha repetido a lo largo de la historia en el fenómeno denominado por Mircea Eliade como “el Mito del buen salvaje” y que en opinión de  Jose Antonio Quijera se trata de una búsqueda constante del ser humano del paraíso perdido. «Esta incansable búsqueda ha ido tomando diversas formas a lo largo de la historia. Uno de los momentos claves sobrevino a raíz de los importantes descubrimientos geográficos entre los siglos XV y XVI. La idea era sencilla: los habitantes de las nuevas tierras descubiertas eran seres felices, sencillos, total e íntimamente ligados a la naturaleza, a la tierra, en armonía con las divinidades, y los espacios que poblaban eran simple y llanamente aquel paraíso que la sociedad moderna, caída en desgracia según relatan los mitos bíblicos, había perdido. Por fin se había descubierto el evocado paraíso bíblico, y sus habitantes eran realmente “los buenos salvajes…La sociedad global vive entre grandes contradicciones: bienestar y ocio de unos frente a la miseria y el hambre de otros; valores ancestrales, que han regido durante siglos el  devenir humano, ahora se derrumban sin tiempo para poder ser sustituidos por otras referencias cualitativamente equiparables; desarraigo de la tierra, de la familia; búsqueda impaciente y confundida de nuevas “divinidades”, pero ahora menos espirituales y más materiales, etc. Es en momentos cuando vuelve a surgir el “mito del buen salvaje”, la añoranza de un tiempo pasado más sosegado, más equilibrante, la evocación de una supuesta felicidad perdida. Al igual que en la época de los descubrimientos, incluso se busca situar en el espacio esta creación cultural humana que es “el paraíso”. El nuevo paraíso vuelve a estar en el campo, en la añoranza de los modos de vida ancestrales, pero reconstruidos según los cánones de una realidad posmoderna. Nos encontramos en otro hito del viejo camino tras la búsqueda del paraíso, arduo camino que el ser humano, por naturaleza, no puede rehusar. La antropología social comienza ahora a preocuparse por este tema al que vale la pena seguir la pista, pues no es más que el reflejo de la inquietud existencial humana.»—comenta el experto.

EL DATO

GRUPO ESPELEOLÓGICO EDELWEISS: 60 AÑOS DE INVESTIGACIÓN.

Desde su fundación en 1951 el grupo Espeleológico Edelweiss ha recorrido un camino cargado de descubrimientos. A los hallazgos de la sierra de Atapuerca, el Valle de Arlanza y la cueva de Valdegoba en Huérmeces se unen los realizados en el Karst de Ojo Guareña con su interesante Sala de las Pinturas (1968) o  la Galería de las huellas (1969) que presenta un recorrido de ida y vuelta de unos 400 metros de huellas humanas único en España y excepcional en Europa. De todos los hallazgos realizados por el Grupo Espeleológico Edelweiss a lo largo de sus 60 años de historia, Miguel Ángel Martín Merino, su presidente, destaca dos de los realizados en Atapuerca. «En primer lugar, el de sus primeros fósiles faunísticos en 1962, en lo que se denominó Yacimiento Trinchera, aunque lamentablemente tuvieron lugar en una época con gran escasez de medios lo que contribuyó a que sus primeras investigaciones preliminares no fueran más allá de 1966. Felizmente, el tiempo nos dio a todos una segunda oportunidad en 1976, cuando mostramos al paleontólogo Trinidad de Torres el yacimiento de la Sima de los Huesos y colaboramos en su excavación, en la que aparecieron los primeros fósiles humanos de Atapuerca. Fue el detonante para que Emiliano Aguirre iniciase su proyecto de investigaciones, que sería el germen del actual equipo interdisciplinar en el que se formaron los tres codirectores actuales del Equipo de Investigación de Atapuerca (Arsuaga, Bermúdez de Castro y Carbonell), y se comenzaran a suceder los hallazgos científicos y más tarde las espectaculares dotaciones del CENIEH( Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana), y del MEH (Museo de la Evolución Humana). Pronto se cumplirán 50 años de aquel primer hallazgo

EL POZO AZUL DE COVANERA

La localidad burgalesa de Covanera, en el valle del Rudrón es otro ejemplo interesante de kart. Se trata de una surgencia de agua que brota en profundidad y que aparenta un color de intenso azul turquesa. La concavidad de unos 10 metros de profundidad ha sido motivo de investigación  desde 1964 cuando varios espeleobuceadores de Edelweiss, Joaquin Plana y su hermano Pedro Plana iniciaron las primeras exploraciones submarinas alcanzando los 200 metros, un récord nacional en aquella época. En sucesivos sondeos diferentes expertos nacionales e internacionales entre los que se encuentran el británico Jason Mallinson y Xesús F.Manteca entre otros, consiguieron recorrer más de 9000 metros de cueva.

¿SABÍAS QUE…

Una de las leyendas más difundidas acerca de Ojo Guareña, publicada por el párroco Isidoro Bocanegra cuenta que al parecer un rey Godo (Alta Edad Media) entró en las cuevas persiguiendo a una pastora. Tras ellos el Físico del rey entró a buscarlos al ver que no salían y nunca más se supo de ellos; tan solo se escucharon sus lamentos.?

En 1976 el Grupo espeleológico Edelweiss halló el esqueleto de un hombre de la edad de hierro, un varón de entre 18 y 20 años de complexión atlética y rasgos nórdicos, que al parecer se perdió en los laberintos de la cueva y no encontró jamás la salida. Sus restos fueron hallados en la llamada Vía Seca, junto a una represa artificial hecha con barro para embalsar el agua que caía de las estalactitas y con lo que el desventurado trató de aplacar su sed; las huellas de las manos de este hombre quedaron para siempre impresas en las paredes. Su esqueleto ahora descansa en una vitrina del Museo Provincial de Burgos junto con una fíbula de bronce y el broche de su cinturón que sirvieron para datar cronológicamente el hallazgo. Esta coincidencia sigue alimentando la leyenda, aunque no hay conexión con las fechas del hallazgo y la leyenda

EL DATO: DE BRUJAS Y DIABLOS…

Jose Antonio San Millán Cobo, director del programa “Huellas en el tiempo” de Radio Espinosa Merindades nos habla de una antigua leyenda que tiene su enclave en la Cueva-ermita de San Bernabé y como protagonista al mismo diablo: «Cuenta la leyenda que cuando San Bernabé se instalo en la cueva tuvo que expulsar  de allí a los diablos y a las brujas que vivían en las grutas para que dejaran descansar a los muertos. Parece ser que el maligno no quería salir pero San Bernabé entonces le puso unos límites que iban desde el Pico Cuerno del Diablo al monolito localizado frente a la cueva, finalizando en el Pico de Kaite. Por alguna razón el demonio no quería alejarse de Sotoscueva y en recuerdo de la cueva del Río Escondido se hizo un palacio en la Cueva de Kaite, desde entonces, cuando hay tormenta se sube al Cuerno del Diablo y ruge con furia y rabia su destino. Las brujas que pertenecían al mundo no maléfico, también fueron expulsadas por el Santo, pero ellas fueron a rogarle para que no las echara de las cuevas. San Bernabe, accedió y les permitió permanecer en el cauce del río sin acceder jamás al Santuario. Durante las témporas se solían reunir en la Cueva de la Torcona (que es donde resurge el Rio Guareña), realizando una gran fiesta

 

Más información en:
http://www.grupoedelweiss.com/

http://www.patrimonionatural.org/ren.php?espacio_id=35

http://www.radioespinosamerindades.es/programacion/huellas-en-el-tiempo/

http://www.psicoterapiaankh.es

 

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