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Nepal, tierra de dioses

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Reportaje publicado en Más Allá de la Ciencia. Febrero 08

Por Cristina María Menéndez Maldonado 

Nepal despierta al amanecer entre oraciones y esencias. En sus espacios repletos de templos, travesías medievales,  se dibuja un sendero mágico, donde selvas y ríos sagrados, montañas y bosques, muestran la belleza de la diversidad. Es “el reino de los dioses”. Un país colmado de lugares benditos donde las dos religiones predominantes, hinduista y budista conviven en armonía, hasta el punto que ambos cultos comparten las mismas fiestas e idénticos lugares de oración.  Cada mañana el polvo rojo tiñe las frentes de los nepalíes, marcados por plegarias y flores. Son sus ofrendas a los dioses antes de comenzar el trabajo… Más tarde, cuando la luz descubre los lugares secretos, retablos y casas de madera exponen la belleza de sus frisos y relieves.  Comienza entonces el ir y venir de rickshaws (Taxis tradicionales tirados por bicicletas), de niños uniformados que caminan hacia el colegio, de mujeres que tejen, de pequeños comercios que exponen sus especias, sus telas coloridas, en mitad de un incesante movimiento de coches, que encierra, un asombroso orden interno dentro del caos.  Considerado por algunos guías turísticos como la “mantequilla” del sándwich, por su situación geográfica entre dos grandes países, India y China, Nepal es paraíso para peregrinos y viajeros, un lugar para la oración y el asombro.

Para Bhupendra Man Pradham, director de “Vista Travels & Tours” Katmandú es un valle lleno de monumentos y  culturas. Ciudades como Pokhara a 200 km de la capital, ofrecen una variedad paisajística llena de matices muy cerca del Himalaya y sus picos de más de 8.000 metros, donde está la garganta más profunda del mundo. Un paraíso para los aficionados al trekking.

Bajo la mirada de los dioses que habitan las altas cimas del Himalaya, una gran variedad de etnias, religiones y dialectos se desarrollan en los distintos escenarios de este sorprendente país.  Común a todos, una palabra mágica, “Namasté”,  que unida a un saludo con las manos en forma de oración, es la llave maestra en todos los lugares, la cortesía inicial antes de entablar cualquier conversación. Una ruta enigmática, llena de sabores, texturas y matices que me hizo retroceder, muchos siglos atrás, a la época de los Sadhus (santones hindúes)En este lugar mágico, me encontré con los dioses… 

RINCONES MÁGICOS

El patrimonio de Nepal compuesto por 2.700 templos y estupas, de los que una buena parte está representado en el valle de Katmandú, es una muestra del arte newar y sus peculiares construcciones de madera y ladrillo. Sus techos superpuestos se elevan al cielo en forma de alargada oración, imitando en ocasiones la arquitectura consagrada.

Durbar Square, plaza principal de la capital, despliega sus templos, pagodas y palacios, como un ajedrez vivo, sólo al alcance de los iniciados. Muy cerca, el Kumari Bahal, residencia de la diosa viviente Kumari, muestra la encarnación de la divinidad Durga Bhawani, personificada por una niña de cuatro años, escogida de entre familias budistas de prestigio, que debe permanecer confinada en el palacio hasta alcanzar la pubertad. También el Templo de los Hippies, donde estos se reunían en los años 60 para fumar hachis, ya es conocido por ese nombre. Todos fueron expulsados en 1975. El dios de la suerte, Ganesh, representado en casi todos los templos, marca una senda de rincones mágicos a lo largo del valle. Alrededor de monasterios y estupas las ruedas de oración elevan 10.000 plegarias en cada vuelta y contienen en sánscrito instrucciones precisas para conmover a los dioses.  El silencio de los santuarios acoge con devoción el toque juguetón de las pequeñas campanas, que una y otra vez los nepalís hacen repicar para despertar a los dioses. Un sonido que recuerda a las divinidades su compromiso de  proteger a los hombres.

Otros monumentos religiosos comparten protagonismo con centenares de palomas y vacas sagradas, como el templo de Shiva y su consorte Parvati, construido a finales del s. XVIII, y del que asoman, desde una de las ventanas, la pareja de divinidades. También sorprendente el Templo de Kasthamandap, que se dice fue construido con la madera de un único árbol, llamado de la “sal”. Rincones sagrados donde los dioses se mezclan con los hombres, bajo un cielo que fascina por sus miles de matices

SWAYAMBHUNATH Y LA ESPADA MÁGICA DE MANJUSHRILa Stupa de Swayambhunath encierra una curiosa leyenda. Desde ella se puede observar una maravillosa vista de Katmandú, la capital.Sanjiv K. Shakya, descendiente en linea directa de Buda, nos explica la leyenda en torno a Swayambhunath: “En una colina inclinada sobre el valle de Katmandú, su estupa  más vetusta, Swayambhunath, de 2.500 años, encierra, según cuenta la leyenda, una flor de loto de asombrosa belleza, de la que emanaba una sorprendente luz azul. El mito, rodeado por el misterio, relataba que el valle de Katmandú era un lago de color turquesa y que el patriarca Manjushri, hechizado por la belleza de la sagrada flor y su fuego purificador, cortó con su espada mágica la pared que encerraba el valle, liberando las aguas. Después mandó construir la gran estupa de Swayambhunath para así proteger para siempre la venerable llama… La estupa, dentro de la arquitectura nepalí es el símbolo de la mente iluminada, el reflejo de la perfección de los principios universales y de la armonía total. Su origen es aún incierto, aunque algunos autores apuntan que en un principio se utilizaron como relicarios o tumbas, al igual que las pirámides egipcias. Para los creyentes, las estupas tienen un gran poder protector y están cargadas de energía positiva, por lo que los practicantes acuden a rezar a estos lugares de poder, con el convencimiento de que sus oraciones serán escuchadas. Alrededor de la estupa, que es como un monolito cerrado, los practicantes budistas dan vueltas, siempre en el sentido de giro de las manecillas del reloj. En todas sus caras, está representada la mirada de Buda, unos ojos compasivos entre los cuales se sitúa una especie de signo de interrogación, el número “ek” que simboliza la unidad. En la base blanquecina de la estupa, quedan representados los cuatro elementos: tierra, fuego, aire y agua, y los trece anillos del capitel simbolizan a su vez, los 13 grados de conocimiento necesarios para alcanzar la iluminación.

Las ofrendas que los nepalíes realizan en los lugares sacros están compuestas por 108 velas, un número sagrado para los nepalíes;  la misma cifra que tienen los “malas” o rosarios de los budistas que estos utilizan para recitar sus mantras.

ARQUITECTURA SAGRADALa arquitectura sagrada de monasterios, estupas y Templos,   se convierte en un talismán protector para los nepalíes;  el lugar donde se dan cita dioses y hombres. Un buen ejemplo es Patán, considerada por la UNESCO como patrimonio de la humanidad desde 1979, que reúne asombrosos monumentos como el templo de Kumbheshwar, el Palacio Real o el Templo Dorado. Sin embargo, el mantenimiento y limpieza de los Templos según comenta Gun Muni Shakya, Presidente de la organización de desarrollo del turismo de Patán es realizado por personas privadas, comprometidas con el desarrollo de su país y a las que les gustaría contar con apoyos gubernamentales consistentes.  

Situada sobre la meseta que se extiende junto al río Bagmati, esta “Ciudad hermosa” llamada también Lalitpur recoge cerca de 136 bahals o monasterios y un impresionante Baño Real (Tasha hiti), además del Templo de Taleju con dos estatuas que lo protegen hechas en bronce de Ganga sobre una tortuga, y Jamuna, cabalgando sobre el lomo de un cocodrilo.

Un ejemplo del estilo Shikhara (pináculo), en minoría frente al estilo pagoda, es el Templo de Krishna. Su construcción, como la de todos y cada uno de  los lugares sagrados de Nepal,  requiere de una complicada serie de cálculos matemáticos y astrológicos.Entre  estos monumentos míticos, aún pervive la historia del rey Yog Navendra Malla del siglo XVI del que se erigió una imagen con una cobra a sus espaldas, y sobre ella, un pájaro.Este rey dijo que mientras que ese pájaro de bronce no levantase el vuelo, él no moriría, y aunque murió físicamente, los nepalíes piensan que aún está vivo espiritualmente y  por esa razón le siguen preparando cada día sus aposentos reales, el tabaco y los alimentos. También la ciudad medieval de Bhaktapur, famosa por sus artesanos  engloba un impresionante catálogo de Templos, como el de Nyatapola, una de las joyas del lugar, o el Palacio de las 55 ventanas, con una balconada tallada en Madera, muy cerca del Templo de Pashupatinath con sus tallas eróticas. Maravillas que son protegidas por iniciativas privadas como la del Comité de desarrollo de esta ciudad medieval y cuyo responsable, Basu Dev Lamichhane, perfila como  misión fundamental en el crecimiento del país el descenso de la pobreza, la participación de la mujer y de la comunidad local en actividades turísticas, la mejora de los servicios y el desarrollo sostenible.

En la ciudad de Panauti, encontramos los santuarios dedicados a Shiva, bañados por el río Punyamantidonde los hinduistas se purifican para alcanzar el cielo con facilidad cuando mueren.

EL JARDIN DE LOS DIOSESJunto a las ciudades y sus Templos, los bosques y selvas de Nepal son el paraíso donde descansan los dioses.

Ciudades como Dhulikhel a 30 km de Katmandú, muestran la belleza de sus paisajes, aptos para caminantes y adoradores del trekking. Panorámicas que asombran por el verdor de sus parajes naturales y sus rutas de montaña, auténticos balcones desde los que observar el Himalaya.

Más al sur, hacia las tierras del Terai, ciudades como  Pokhara o Chitwan con sus animales salvajes, muestran nuevas aspectos del país y variadas etnias como la de los Sherpas o guías de montaña y los Tharus provenientes de Rajastan, entre otras. En el camino hacia el Himalaya, podemos encontrar maravillosas cascadas puentes colgantes, y un teleférico moderno de tecnología australiana, que nos acerca por los cielos hasta el Templo Templo de Manokhaman, donde los devotos piden sus deseos y realizan sus ofrendas de flores y frutas.

El parque nacional de Chitwan, lugar que inspiró a Kipling para su famosa novela  El Libro de la Selva, ofrece un frondoso camino de los árboles sagrados de la sal, humildes casas de adobe, y animales salvajes como rinocerontes, tigres de bengala, cocodrilos y elefantes. Un paraíso en el que los dioses reposan del eterno ruido de las ciudades, mientras contemplan la puesta de sol reflejada en las sagradas aguas del río Trisuli.  NEPAL Y SUS RITUALESEn Nepal la vida cotidiana se desarrolla entre oraciones y ritos, costumbres que se han mantenido durante siglos con la misma pasión y convencimiento.  En bandejas de cobre, los nepalíes preparan sus ofrendas rituales. En ellas llevan polvo rojo, pétalos de flores amarillas, que mezclados con barro, se lo aplican en la frente, tika, como símbolo de la presencia divina. En multitud de templos han colocado espejos, para que los feligreses puedan situar correctamente este símbolo, en el lugar del tercer ojo.  Parte del ritual es la realización de sacrificios de animales como el pato, la cabra o el búfalo, siempre machos, ya que la hembra es la “dadora de vida”. Dicha ceremonia debe hacerse con un arma afilada y dando muerte a la bestia con un corte limpio en su cuello, de una sola vez, o de lo contrario les traería mala suerte. De ese modo, se libera al animal, permitiendo que se reencarne en hombre en su siguiente vida. Estas ofrendas también pueden hacerse con huevo y arroz, para aquellos nepalíes que lo prefieren. Junto a las esencias, que perfuman el aire, la música lo envuelve todo al tiempo que, algunos narradores de cuentos relatan sus historias, reunidos en los templos frente a la multitud. En ellos cuentan las hazañas de los dioses que pervivirán en la memoria de niños y ancianos, gracias a la tradición oral.

El ritual es parte de la cotidianidad nepalí, de modo que hasta la construcción de sus casas debe hacerse con el permiso de la divinidad, a través de una ceremonia especial, que parece haber protegido muchos de los edificios más antiguos del azote de los terremotos más feroces. En su interior siempre hay una habitación dedicada a las divinidades, donde se saluda a los dioses cada día, antes del desayuno.  

También hay ceremonias en todos los momentos significativos del ser humano, desde el nacimiento hasta la muerte. Es muy común que los recién nacidos sean masajeados con aceite de mostaza, al igual que a las madres. Un ungüento de gran poder terapéutico que aplican durante los dos primeros meses de vida del bebé.   Los matrimonios son fijados de acuerdo con los cálculos astrológicos, para así alcanzar un enlace duradero y feliz. También la expiración tiene sus ritos. Los muertos han de ser trasladados a los ghats o crematorios, desde donde parten hacia la mansión de Yama, dios de la muerte. El centro de peregrinación más importante es Pashupatinath. El lugar donde los seguidores de Shiva realizan sus rituales, y a aquellos a los que les ronda la muerte, la esperan en constante meditación;  por eso, en este complejo hay precisamente un gran dharmasala que los acoge en su patio interior a la espera de ese su último viaje.  

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