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Manuscrito Las Fuentes del Placer

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Publicado en Más Allá de la Ciencia. Noviembre’07.

Por Cristina María Menéndez Maldonado

El geólogo árabe Harem Al Khalidi, descubrió por casualidad un manuscrito del s.XIII en una biblioteca privada de una ciudad de Arabia. Los datos que rodean el hallazgo, tales como la identidad del dueño, el lugar exacto en el que se encontró, son aún un misterio, amparados en el juramento que hizo el traductor a su propietario, de no revelarlos por encerrar “prácticas” contrarias a las doctrinas sagradas.
El título del Manuscrito reza “Las fuentes del placer en el arte de la pasión” y su creador, llamado Al-Makhzoumi trató de “informar e instruir a los hombres acerca de cómo obtener y brindar a la mujer el máximo placer en sus relaciones”.
Rastros en la historia árabe. Lo Sagrado y lo profano
No se trató, sin embargo, de un hecho aislado. El Profesor Manfred Ullmann en su libro Die Medizin im Islam, menciona la proliferación de este tipo de manuscritos entre los siglos IX y XIII, al igual que Danielle Jacquart y Claude Thomasset, en “Sexualité et savoir médical au moyen âge” donde consideran algunos tratados erotológicos árabes, entre los que aluden al “manuscrito de Al-Makhzoumi”, y nombra otros autores de escritos similares como Samau’al Ibn Yahyâ o At-Tîfah (S. XII-XIII).
El texto ofrece una gran claridad y concisión a la hora de explicar la “ciencia” del placer y sus componentes, de modo que este tratado, es una simbiosis perfectamente engarzada de conocimiento anatómico, fisiológico y médico de ambos sexos; una visión naturalista que podría pasar por actual, pero con las carencias propias del conocimiento de la época. Su actitud vital, se hace cómplice de la idea islámica de que la satisfacción carnal es un don que el hombre debe agradecer a Dios. Las relaciones entre hombres y mujeres están prescritas y ordenadas por la ley divina. Por eso comienza el texto, “En nombre de Alá Misericordioso”, un recurso imprescindible que poseen casi todos los documentos de esa época, y que se mantiene en la actualidad como un sello identificador de la relación entre lo sagrado y lo profano. También Galeno (131201) proporcionó la idea de una finalidad aceptable del placer, aludiendo a los órganos sexuales como dotados de una sensibilidad superior a la de la piel, así como la naturalidad del goce a través de ellos. Este médico griego influyó también en Avicena (9801037) médico persa, que en su libro Kitab al-qanun fi-l-tibb (Libro del Canon de la Medicina), perfila la necesidad humana de plenitud. La búsqueda del deleite como realización perfecta del coito, que se eleva como una condición imprescindible para prevenir problemas de esterilidad, y ofrece la óptica naturalista de un arte amatorio, de base médica y cuya finalidad principal es la procreación.
El antropólogo tunecino Abdelwahab Bouhdiba en su obra Sexualidad en el Islam” analiza e insiste en que aunque “la Comunidad Islámica se ve a sí misma como una unidad, en ella tienen cabida multitud de ambigüedades, desde el componente placentero, al serio, la sexualidad”,etc, y es precisamente en esta “lectura objetiva”, en la que se sitúa una de las mayores riquezas del mundo árabe, y que ha inspirado curiosidad y admiración.

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Al-Makhzoumi: Un Sexólogo del s.XIII
Al-Makhzoumi médico y natural de Yemén, ruta del incienso y del reino de Saba, dice haber “practicado la cópula durante los últimos 65 años de su vida”, y se sitúa como consejero y analista del comportamiento sexual gracias a sus conocimientos de medicina, así como de la práctica y de la observación del placer como objeto y fuente de estudio.
El manuscrito revela una idea revolucionaria ocho siglos después de haber sido escrito: “la participación indispensable de la mujer en el goce”.
Su descripción de los órganos sexuales, tamaños, formas y texturas, ofrece una visión anatómica y directa no sólo del acto sexual, sino también de los órganos y sus funciones. Por ejemplo, cuando habla de los senos, al explicar su forma y tamaño los compara con frutas como la granada, o el higo; e incluso habla de que algunos autores ponen nombres “poéticos” al órgano genital femenino, tales como gato (AL QUT) o ruiseñor (AL BULBUL).Del clítoris dice que “es la llave que abre las puertas a las sensaciones voluptuosas de mujer”. Lo curioso es que parece haber mantenido diferentes conversaciones con sus esposas y concubinas, para así conocer los secretos que las conducirán al orgasmo (AL SHABAQ), y que transportarán al hombre a un profundo éxtasis espiritual, al convertirle en “testigo” del goce de la mujer. Esta idea de elevación, parece enlazar con los análisis más modernos acerca del sexo tántrico y la ascensión de la energía kundalini.
Según palabras del antropólogo y psicoanalista contemporáneo Malek Chebel, extraídas de su libro “Diccionario del Amante del Islam”: “En el espíritu del Islam, lo sagrado es un estuche precioso y delicado en el que se expresan a cual mejor, el amor entre los cónyuges, el deseo, la ofrenda y el placer carnales”
La importancia de la Higiene, el uso de perfumes y cosméticos.
En este “viaje al jardín de las delicias” como es calificado por Al-Makhzoumi, habla de prácticas prohibidas por el Islam como el sexo oral, siempre con una extrema observancia de la higiene, y es que, es especialmente importante entre los árabes el cuidado de la limpieza corporal. Hombres y mujeres dedican un tiempo previo al encuentro sexual, cargado de protocolos, en los que la “henna”, los aromas y esencias, adquieren una significado ritual, lleno de vitalidad, que ha sido recreado por el mundo occidental en el arte. Los textos eróticos Árabes destacan el valor de los perfumes, las fragancias y cosméticos para multiplicar el placer sexual. El más famoso es “El Jardín Perfumado” del escritor del s. XVI Shaykh Umar Ibn Muhammad Al-Nefzawi, que habla de los efectos estimulantes de las especias picantes y otras sustancias sobre los órganos sexuales.
El arquetipo más difundido en occidente, es el del harem poblado de Odaliscas, que vigiladas por eunucos, dedican su tiempo a la espera de la llamada de su señor.
Besos y caricias. Juegos preliminares
En este juego de los sentidos, la importancia que este médico de Arabia, (que dijo estar al servicio del hermano de “Saladino el Grande”)otorga a las caricias es equiparable al kamasutra hindú de Vatsyayana. También el beso, que es para el mundo árabe un arte, es considerado por Al-Makhzoumi como parte del ritual amatorio, que lo llena de matices, y dice: “al besaos , tú y la mujer os rendís un homenaje uno al otro, confundiendo vuestras bocas y vuestros alientos”. Considera fundamental la necesidad de que el hombre conozca las técnicas del coito, así como las herramientas necesarias para acceder a los frutos del placer, condenando el instinto animal y reclamando en su lugar las promesas del tacto, la ternura y las buenas maneras hacia la mujer.
Al-Makhzoumi dice así: “El hombre y la mujer, a diferencia de los animales primero tiene que utilizar la mente, el corazón y el espíritu, y después el cuerpo, a fin de gozar de todos los placeres que sus cuerpos son capaces de alcanzar”.
En opinión de Sara Rodríguez, instructora de distintas danzas árabes e hindúes, y gran conocedora de ambas culturas nos comenta que:“La sexualidad en el mundo árabe comparte similitudes fundamentales con el sutra hindú. En ambos mundos, el orgasmo físico se retiene al máximo, con el fin de que la energía en su ascenso desde la base de la columna hacia la cabeza, facilite la apertura de los centros energéticos. Una acción que requiere de una sexualidad consciente, que mima los detalles, el perfume, las caricias, dibujando una experiencia que ampliará el nivel de consciencia para alcanzar la iluminación”.
Proezas amatorias. El kamasutra árabe de Al-Makhzoumi
En la culminación del placer, Al-Makhzoumi señala la importancia de prolongar la erección durante el mayor tiempo posible, y en su observación minuciosa de los babuinos, (primates que habitan algunos lugares de Asia y África), dice haber aprendido de ellos el secreto de cómo retardar la eyaculación, manteniendo los músculos relajados durante la cópula, para tensarlos en el momento que se desee alcanzar el clímax.
Expone también diferentes posturas durante el encuentro, que se resumen en aquellas en las que la mayor parte de las zonas del cuerpo de ambos están en contacto, susceptibles de ser acariciadas, siempre teniendo en cuenta que aquellas de mayor dificultad no son recomendables por resultar incómodas.
Aunque no hace demasiado hincapié en las distintas proezas amatorias, define algunas como la conocida en occidente como “la postura del misionero”, y en la aconseja que el hombre no cargue todo el peso sobre su pareja. Ofrece también variaciones, en la que las piernas de la mujer reposan sobre los hombros del amante, o se flexionan al máximo, en una contorsión sobre sí misma que permite una penetración más profunda. Una curiosidad de esta exposición directa es la recomendación explícita del coito situándose la mujer de espaldas al hombre con las piernas abiertas al máximo, y que Al-Makhzoumi, señala como más conveniente cuando el embarazo es avanzado.
Sorprende también el valor que da a la virginidad femenina y dice que “la desfloración es el acontecimiento más importante en la vida de una mujer, porque puede influir en todas sus respuestas eróticas en el futuro”.
Desviaciones, enfermedades y aberraciones
Señala como aberración el hermafroditismo y como desviaciones la necrofilia o la zoofilia entre otras. La homosexualidad contraria a las enseñanzas del Islam, la define también como desviación, y relata un caso curioso: “Una vez vino a verme un hombre perfectamente formado que quería que lo castrara y que le hiciera una vulva. Me dijo que haría lo que fuera por convertirse en mujer…Naturalmente le dije que no podía hacer nada por él”.
Al final de su tratado también ofrece algunos ejemplos de patologías, incluso habla de tumor en el pecho, de inflamaciones en los genitales, coito doloroso, impotencia, etc, realizando una descripción de las anomalías y posibles desenlaces de las distintas enfermedades, y en ocasiones incluso el remedio.
Literatura árabe: El sendero erótico de la poesía.
Los rastros documentales del erotismo en el mundo árabe son innumerables, desde la edad andalusí, las crónicas cortesanas del s.XI o los cánticos a la homosexualidad en la poesía de Abu Nuwas, poeta protegido por el califa abasí Harún Al Rashid (766-809), y al que el antropólogo Malek Chebel define como “el dandi erótico de Medina y de la Meca”. La poesía erótica de Nuwas, al igual que la de otros autores de la misma época como Ibn Burd, no tiene cortapisas e incluso le gustaba repetir que era “perverso y polimorfo por la noche y mundano y aristócrata de día”.
Algunos autores llegan a sugerir incluso que la poesía musulmana del s.XVI revela, entre líneas, algunos secretos para la anticoncepción. Mahmud Sobh, en Historia de la literatura árabe clásica habla de estas manifestaciones de la poesía que aparecen en un ambiente que es consecuencia de la refinada vida en palacio. Esta profusión literaria es el resultado de los avatares de la dinastía Omeya y luego Abbasi que canaliza el choque de dos formas diferentes de entender el amor: el de la poesía casta y otra más oscura y libertina.
Naturalidad del placer.
El Manuscrito de Al-Makhzoumi, sorprende por su naturalidad y concisión. Muestra sin artificios, las distintas dimensiones del sexo, en los que apenas encontramos atisbos de pasión o poesía, más bien una reposada admiración por el intrincado misterio en el que se embarcan los sentidos, conjurando anatomía, medicina y observación, como herramientas fundamentales de sus conclusiones. Sin embargo, aún siendo innovador en el contenido, sigue considerando a la mujer como “hecha básicamente para el placer sexual”, en tanto que el hombre es el que reúne la capacidad de pensar y la misión protectora.
Este texto del s. XIII ofrece una visión parcial de lo que es la realidad del mundo árabe. Sólo una pequeña muestra del gran elenco literario, filosófico, médico que sorprende por su frescura y actualidad, y define un periodo en el que el gusto por el conocimiento y la “búsqueda y cáptura” de otras realidades, llevó a muchos árabes a países lejanos como China o la India.
Así, Edward Wadie Said (2003-1935), crítico político y premio Príncipe de Asturias en 2002, en su libro “Orientalismo”, hace una llamada de atención a las construcciones psicológicas creadas en occidente sobre oriente que hablan de calificativos como “sensualidad”, “oscuridad”, y las analiza como parte de una mente colonizadora, repleta de tópicos, y culpable de crear un abismo entre los dos mundos: El árabe y el occidental.
Hemos tratado de estudiar El manuscrito de Al-Makhzomi como parte de esa realidad histórica, sesgada muchas veces y siempre llena de contrastes, que nos ha ofrecido, claves importantes del pasado, hechos curiosos, anécdotas y sobre todo una naturalidad que hoy después de muchos siglos, nos sigue sorprendiendo. Cristina Mª  Menéndez Maldonado

 

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One comment

  1. Interesante … 😉



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